Patrimonio Histórico

  • TEMPLO PARROQUIAL
   El Templo parroquial de Sorihuela es de estilo Renacentista con formas simples y sencillas y está bajo la advocación de la que es Patrona de la villa, la virgen y mártir Santa Águeda. La titular, parece ser que fue elegida desde el primer momento, ya que en las relaciones de Felipe II sobre pueblos de Jaén del año 1578 ya se nombra como tal. Fue construido sobre las ruinas de otro ya existente. El obispo de la diócesis de Jaén, D. Francisco Delgado, fue el iniciador de la gran obra que empezó en el año 1571, de ello da fe la inscripción que hay en las dovelas del arco que hay en la capilla mayor: Dominus Franciscus Delgado, Episcopus Giennensis. Anno 1571 s /s. Fue trazada por Alonso de Barba, el discípulo predilecto de Andrés de Vandelvira, y el presbiterio labrado por el maestro cantero Sebastián de Solís. La obra fue terminada en el año 1582, siendo obispo de Jaén y sucesor de D. Francisco Delgado, D. Francisco Sarmiento de Mendoza. La planta es de cajón, es decir, consta de nave única, consistente en un rectángulo perimetral. La nave está cubierta con una armadura de madera de par y nudillo, según la tradición mudéjar. La capilla mayor, es de base rectangular, a ella que se accede por una escalinata y a través de un gran arco de medio punto, adquiere un tono de cierta grandeza merced a otro arco de medio punto, a modo de arco triunfal, con grandes figuras alegóricas en las enjutas de la Fe y de la Caridad. En las dovelas, la inscripción ya mencionada del obispo Francisco Delgado. En los laterales se abren arcosolios con el mismo tipo de labor, excepto las enjutas de un riguroso geométrico, con círculos y líneas. El escudo del obispo Francisco Delgado preside el testero central. Otra parte preciosa de la Iglesia es la torre campanario; en su diseño intervino Andrés de Vandelvira. Se estructura en tres cuerpos, separados por cornisas, cubierto el de campanas con cúpulas de media naranja. La fábrica es en su totalidad de sillería. Destaca en el templo su magnífica imaginería sobresaliendo sin duda la talla de Santa Águeda del siglo XVI y una talla de Jesús crucificado de la misma época.
  • TORREÓN ÁRABE
   Fue construido en el año 886 por orden del general Hashim ben ´Abd al-´Aziz. Hay menciones bibliográficas que hablan de la existencia en la villa de un antiguo castillo árabe, construido a mediados del siglo IX para fortificar la margen izquierda del río Guadalquivir y al mismo tiempo que sirviera de avanzada a la fortaleza de Iznatoraf en su defensa del paso sobre el río Guadalimar, pero los vestigios que han llegado hasta nuestros días, muestran una clara construcción cristiana, de la que sólo se ha conservado una torre. Según Manuel de Góngora que estudió la arqueología de la provincia de Jaén fue construido sobre una fortaleza romana. El castillo, del que permanece en pie una sola torre, se eleva sobre una estructura rocosa y a cuyo pie se extiende el pueblo. Según Eslava Galán, esta torre es la del Homenaje, construida en mampostería regular a hiladas y sillería en las cadenas esquineras a soga y tizón.
  • ERMITA DE SANTA QUITERIA
   Es la ermita donde se venera a la copatrona de Sorihuela, Santa Quiteria virgen y mártir. Su existencia es antiquísima, en el sínodo del año 1511 se cita entre las ermitas pertenecientes al arciprestazgo de Iznatoraf, la de Santa Quiteria de los aires cerca de Sorihuela. Se encuentra a 3 Km del casco urbano, en el paraje conocido popularmente como "Cerrico Pelón". Tiene nave única y carece de valor arquitectónico, debido a las numerosas reformas que a lo largo de su existencia ha sufrido.
  • ANTIGUO CONVENTO
   Levantado en el extrarradio del pueblo en el siglo XVIII, ha sido rehabilitado como cooperativa de aceite. En él aún se distingue la estructura de la nave única del templo, con techumbre de medio cañón rebajado, y, a los pies, un arco carpanel que sostiene el coro.      La portada, orientada al norte, exhibe un gran arco de medio punto rebajado. La torre es cuadrangular y con arcos escarzanos en los huecos del campanario.
  • PLAZA DE LOS CAÑOS
    Es la fuente de los Caños, como esas mujeres en las que el paso del tiempo apenas si deja huella, de edad indeterminada, porque además, sus constructores olvidaron grabarle la "fecha de nacimiento".
    Tienen sus siete caños distinto caudal y es por una razón de origen, pues la procedencia del agua de los cuatro de la izquierda está en la huerta de Moscoso, desde donde viene canalizada bajo las casas de números pares de la calle el Prado; en cambio, los tres caños de la derecha se surten de la parte alta de la calle Mina.
    Su amplitud y buena situación hacen de esta plaza punto de referencia y de orientación para propios y extraños, no en vano convergen en ella nada menos que ocho calles.
    Las sucesivas remodelaciones de la plaza eliminaron otra fuente que, frente a la de los Caños servía de abrevadero para animales. Aún así, conserva elementos dignos de mencionar, como los grandes caserones que la rodean o los típicos lavaderos públicos, las populares "Pilas".
    Casi no hay estación del año en la que la plaza no se convierta en escenario de celebraciones y acontecimientos tanto profanos como religiosos.
    Sabe Sorihuela mitigar muy bien los rigores invernales, y lo hace poniéndole calor, todo el calor que el fervor a su patrona le inspira. A ese aumento de temperatura contribuye la tradicional hoguera que el 4 de febrero -víspera de Santa Águeda- se enciende en esta plaza, junto con los fuegos artificiales, las patatas asadas y los vasos de cuerva con los que generosamente obsequia la Cofradía.
    También se celebra en este fantástico lugar el día de San Isidro, donde acuden los agricultores conduciendo sus tractores y demás maquinarias.
    Por estas fechas primaverales recibe nuestra frecuentada plaza otra visita sagrada, la de Santa Quiteria.
  • LAS PILAS O LAVADEROS
    La jornada en las pilas era cualquier cosa menos aburrida. El lugar, precursor de los modernos platós de programas del corazón servía para poner y ponerse al corriente de todos los chismorreos del pueblo. No faltaban los consejos de las mayores a las jóvenes, ni las cancioncillas iniciadas por una y coreadas por todas. Si se acercaban las fiestas de Santa Águeda, se cantaban los gozos. Si ya olía a navidad, villancicos. Y el resto del año, los romances de ciego que pasaban de boca en boca a falta de cadenas diales y radiolés.
    Su aspecto es bastante diferente al que originalmente tuvo, pues carece de las paredes que lo cerraban y luce un techo nuevo que imita al que se hundió tras el abandono del lugar cuando el agua corriente llegó a las casas. Tampoco conserva todas las pilas, que fueron casi el doble de las doce actuales y que estaban dispuestas alrededor de la pared.
    De cualquier forma, en un extremo de la Plaza de los Caños, afortunadamente, seguimos contemplando el lavadero público conocido popularmente como Las Pilas, uno de los pocos que por nuestros pueblos se conservan.

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